Krishnamurti dijo que el placer es la otra cara del sufrimiento. Lo es.
Algún día, espero que en un futuro cercano, superaré ésta relación tormentosa que tengo con la comida.
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Tiemblo.
Me concentro en esas cortas sacudidas
Que crecen como arbustos en los brazos
Y en las piernas,
Temblorcitos que sumergen sus raíces en mi ombligo
Y alrededor.
Son los golpes de un puño
En mi pecho
Prófugo de mis costillas,
prisionero de mi piel rígida y seca
porque mi piel es rígida y seca
y se parte en las rodillas
y en las articulaciones de los dedos
y en los labios.
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Acabo de comerme una alegría de chocolate.
Hoy no hace honor a su nombre, no me alegra.
Dejé unas cuantas bolitas de amaranto en la envoltura plástica. Las alegrías que tienen chocolate se desmoronan siempre y me pone de mal humor perder un cuarto de barra en moronitas. Y me molesta aún más que todas esas moronitas, que son en realidad semillitas, caigan por todas partes.
Pero bueno, son deliciosas.
Mi mamá me las presentó cuando comencé a tener los ataques de hipoglucemia. Estábamos en el estacionamiento del súper cuando me sentí mareada de repente y los huesos de mis manos se congelaron. Ella me vio palidecer (palideció conmigo mostrándome así su solidaridad) y de inmediato sacó de su bolso mágico una de éstas barras. La abrió con dificultad, porque tienen mucha cinta adhesiva, y me la dio. Me la comí en 10 segundos y entonces me ofreció otra. También me la comí aunque no debía.
Resulta que el señor que nos provee de éstas delicias, tiene un negocio donde vende productos de Oaxaca, semillas, merenguitos de diferentes sabores, jaleas y entre otras cosas más, las dichosas alegrías en presentación grande y chica de sus dos sabores: las de chocolate con vainilla y las de chocolate con fresa (ajá, no es fresa, es pintura rosa y sabe a pintura rosa).
Las que compro, son las de chocolate con vainilla grandes y, es extraño en mí, pero no recuerdo su precio. Esto es porque casi siempre las compra mi mamá, y cuando las compro yo, llevo además cacahuates tostados, nueces de la india o nueces de macadamia, frutas secas e invariablemente merenguitos.
Se supone que el chocolate pone feliz a la gente y que las alegrías se llaman así porque alegran, entonces, ahora mismo tendría que estar feliz y alegre pero no lo estoy.
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Todavía fantaseo con despertar un día en un globo aerostático sobrevolando el mar. Me gustan las cosas que pasan de la noche a la mañana, así porque sí, los cambios que suceden inesperadamente, aunque no tengan sentido.
Esto no tiene que ver con la rapidez sino con la espontaneidad, con los colores y la vida. El tiempo no es importante, pensar en él es innecesario porque no se va a ir, va a existir a pesar de la muerte e independientemente de los relojes.
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Quisiera, un día, ya no temer.
Pero siento que te vas.
Reniego de tu inevitable partida,
No quiero vivir sin ti, mamá.