1:13 am

by Mam

Los dedos se asoman por el borde de la taza, justo donde antes puse los labios para beber y dejé un poco de brillo color chocolate-y-caramelo.  Hacen señas obscenas pero no me importa mucho.

La criatura horrible que me observa desde el espejo me incomoda mientras me pongo los audífonos, ayer cubrí el portal con post-it’s amarillos pero me arrepentí antes de dormir.  Y los quité.

Bajo a la cocina de puntitas, no me gustaría despertar a nadie.

Reviso la silla antes de sentarme, las patas están un poco maltrechas y no quiero que se desarme bajo mi peso.  Él está sobre la mesa, con la espalda recargada en la pared.  Me mira y sonríe.  Él sabe, siempre sabe.

Sirve dos tazas de té.  Me da una y se queda con la otra, ambos lo tomamos sin azúcar y con leche.

El hombre de ayer se saca el casco de astronauta, lo miramos mientras se lustra la nariz.  Es extraño, cuando lo dibujé no pensé en su cara, nunca imaginé que tendría una nariz tan grande.  Cuando termina se vuelve a poner el casco y regresa a su lugar.

Me levanto para sacar las galletas del horno y, accidentalmente, me derramo un poco de té en el brazo.

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