perorata de las cuatro y media de la mañana
He cambiado tanto, y estoy por cambiar todavía más.
Pero el mundo es tan complicado. Toda esa red de pequeñas cosas tan importantes, en cada punto del tiempo y del espacio, todo el pensamiento y la materia. Todo es consecuencia de todo y, al mismo tiempo, la razón de algo más.
A veces, en el tiempo que dura un parpadeo, desde algún lejano lugar en la mente o el alma, llega la claridad, pero no así la paz.
Entender no es estar en paz.
La paz sólo se alcanza cuando uno es libre desde adentro.
Pienso en la libertad y entonces veo el rostro de mi madre, el de mi hermano, el de las personas a quienes les importo. Creo que vivir en el corazón de alguien más nos mantiene cautivos. Siempre sacrificaremos algo de individualidad en pos del reconocimiento, afecto o satisfacción de aquel que nos quiere, aunque, en teoría, no debería ser así.
Sí. Soy alguien más. Soy mente y soy cuerpo, y estas dos cosas no se corresponden. Mi cuerpo no puede seguirle el paso a mi mente y mi mente lo está destrozando poco a poco. La consecuencia de éste abuso, es que mi cuerpo se resiste y cuando trato de dormir, no me lo permite.
Ahora, mientras escribo, me queda claro que aún existen, en mi alma, reminiscencias de aquel desprecio a la fragilidad de mi cuerpo, fragilidad que durante mucho tiempo, mantuvo relegada a mi identidad dentro de mi mente.
Ahora sé que mi mente es igualmente frágil y no tengo nada a qué aferrarme excepto a la consciencia cotidiana de mí. Consciencia que podría desaparecer un día y entonces yo ya no sería yo, sino un cadáver o un cuerpo en estado vegetativo.
Bueno, el caso es que no puedo dormir y me siento decepcionada de mí y del mundo y profundamente indignada y triste porque me siento incapaz de hacer algo para mejorar el estado en que nos encontramos.
Y se que al rato (si es que logro dormir un poco) despertaré otra vez con migraña y sin ser mejor en ningún sentido. A menos que…





